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Fresas salvajes

Fresas salvajes T.o.: Smultronstället.
Director y guionista: Ingmar Bergman.
Intérpretes: Victor Sjöström, Bibi Andersson, Ingrid Thulin, Gunnar Björnstrand.
Música: Erik Nordgren.
Género: Drama. Suecia. 1957.
Puntuación: *****

Argumento
Un viejo doctor de medicina (Victor Sjöström) está a punto de ser nombrado Doctor Honoris Causa por la universidad que le formó. En su viaje a esa ciudad, acompañado de su nuera (Ingrid Thulin), recordará tiempos de su infancia y juventud: rememorará el rechazo de su prima (Bibi Andersson) en favor de su hermano, la crueldad de él para con su mujer y sus efectos, visitará a su madre -anciana de 96 años- y redescubrirá a su nuera. Y de esa curiosa manera, en esa introspección el viejo doctor descubre su egoísmo y su soledad vital, lo que le llevará a un cambio profundo.

Valoración: memoria, egoísmo, arrepentimiento
Magistral obra del sueco Bergman, en la que nos asesta un puñetazo frontal y sin rodeos. La película golpea directamente y sin remilgos de ninguna clase al espectador, y pretende de este una catarsis. Es decir, una purificación del que observa la historia del doctor Borg. De esa manera, el arrepentimiento de Borg intenta llevar al público a su reflexión: ¿y yo? ¿Soy también yo un redomado egoísta?

En esta película, los recuerdos y la memoria de todo lo acontecido a lo largo de la vida no tiene tanto un sentido de nostalgia, sino más bien la examinación de la culpa. ¿Fui cruel con los demás? El doctor Borg observa minuciosamente todos aquellos momentos que marcaron giros en su vida, y se da cuenta de que su egoísmo escondido tras una fachada de inexistente bondad le ha servido para aislarse de los demás en su soledad. Una soledad -como ya digo- egoísta. Pero Bergman pretende que, mediante el proceso de identificación con el personaje, el espectador se haga las mismas preguntas. Y el doctor Borg termina aprendiendo de sus errores felizmente y es capaz de arrepentirse de ello. Es ésta una virtud impagable: la capacidad de pedir perdón y arrepentirse. Y es en ese momento que el director pasa el testigo al público, todavía aturdido por el golpe recibido.

Valoración técnica
Y entrando en campos más "cinematográficos", cabe destacar, en primer lugar, la soberbia fotografía: juego de contrastes y de sombras, marcada por los flashbacks en los que el doctor recuerda su juventud, en los que todo encaja perfectamente, incluso ese mundo de sueños tétrico que atormenta al doctor. Y también es mencionable la soberbia interpretación del protagonista, con una expresividad cuasi perfecta -no en vano, Sjöström procedía de la escuela del cine mudo-.

Un perfecto 10 para Bergman: esta película es, sin duda alguna, uno de los grandes pilares del séptimo arte.
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