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Cinderella Man

Cinderella Man Director: Ron Howard.
Guión: Cliff Hollingsworth y Akiva Goldsman.
Intérpretes: Rusell Crowe, Renée Zellweger, Paul Giamatti.
Música: Thomas Newman.
Género: Drama/Biopic. EE UU. 2005.
Puntuación: ****

Ron Howard ha logrado rodar algo más que una historia de boxeo entusiasmante. Tras los guantes de James J. Braddock se escondía la fuerza de un amor que le llevó a superar los límites de lo que parecía humanamente posible, lo que le ganó el apodo de “Cinderella Man”: el hombre Cenicienta.

Argumento
James J. Braddock (Rusell Crowe) es un boxeador que, al llegar el crack del 29, se ve obligado a colgar los guantes. Sumido en la pobreza trata de mantener a su familia con los pocos recursos que tiene al alcance. Debido a diversas circunstancias, James vuelve a boxear y, dando la sorpresa, luchará por el título mundial de pesos pesados. Todo ello con el apoyo y el amor que le brinda su esposa (Renée Zellweger).

¿Rumbo a los Oscar?
Opiniones las hay de todo tipo. Es cierto que en la taquilla no obtuvo el éxito deseado, pero la historia tiene todos los ingredientes para convertirse en la película aclamada de la todavía lejana ceremonia de los Oscar. Un director popular y afamado, buenas interpretaciones con actores de renombre, una historia de superación teñida de patriotismo y una bonita historia de amor.

Lo que tengo claro es que hacía tiempo que no me entusiasmaba tanto con una película en la que un deporte fuese protagonista. Cierto que se puede recriminar a Howard un desenlace algo previsible en la mayoría de los combates, pero la sorpresa no está siempre al final de estos. Es tal vez el último combate y su previsibilidad el gran fallo del director.

En cuanto a la historia, aunque se le puede echar en cara una leve falta de dramatismo en determinadas circunstancias, consigue mantener al espectador en tensión, relajado o con una lágrima colgando según lo requieran las circunstancias. Todo ello apoyado con una excelente interpretación de Rusell Crowe (ojo, porque huele a nominación para los Oscar), una correcta Renée Zellweger y un estupendo Paul Giamatti en su papel de entrenador.

La música de Thomas Newman es correcta –y buena en los combates- pero carece de cierta fuerza en los momentos más intimistas. Como principal fallo se puede decir que los créditos de comienzo suenan demasiado a Camino a la perdición, película musicada por este mismo compositor.

La fuerza del amor
Pero no todo es boxeo en esta historia. Es más, la historia de amor que se encierra en la película le da su auténtica esencia. O mejor habría que decir “las historias de amor”. Historia de amor esponsal, de amor paternal y de amor maternal. Ese amor queda acentuado por la pobreza en la que se ve sumida la familia Braddock debido a la Gran Depresión que sucedió al crack del 29 en Estados Unidos.

Han perdido todos sus bienes materiales y se ven obligados a luchar día a día por lograr un poco más de comida, un poco más de leche, luz y calor. A este respecto es realmente graciosa la respuesta que Crowe-Braddock da a un periodista en una rueda de prensa, antes del gran combate que le puede dar el campeonato mundial (Braddock: “Ahora sé por lo que lucho”. Periodista: “¿Y por qué lucha?”. Braddock: “Por leche”). Los periodistas no entienden esa respuesta, pero su mujer –que en ese momento está a su lado– no puede evitar esbozar una sonrisa.

El amor vence todas las barreras. Cuando Braddock no puede más en el ring, su mujer y sus hijos acuden a su mente: ha de llevarles algo a casa, y sólo lo conseguirá si sigue luchando y venciendo. Y esa fuerza –casi sobrenatural– le lleva a levantarse después de cada golpe, a pesar de que sus brazos ya no responden, a pesar de que sus costillas se encuentran machacadas.

Escena verdaderamente entrañable es aquella en la que Braddock, viendo la escasez de comida y cómo su hija pide un poco más de comida –cuando ya no queda nada–, le narra lo que ha soñado esa noche: estaba en el Ritz y repetía solomillo, patatas y helado, por lo que se encuentra lleno y no puede con su filete. “¿Tú me ayudarías, Rosie?” Le dice a su hija. Y entonces le sirve su filete a la niña.

Esta es la tónica general de una película que consigue emocionar en el plano humano (a pesar de que no faltan las enormes crisis familiares y los malos momentos) y entusiasmar en el plano deportivo. Un buen trabajo del director Ron Howard.
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