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Cine 100%

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Para conseguir una mayor agilidad en el blog, he decidido cambiar su lugar de alojamiento. La nueva dirección es esta:

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Disculpad las molestias. Espero que todos notemos la mejora. ¡Nos seguimos viendo allí!

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Cinderella Man

Cinderella Man

Director: Ron Howard.
Guión: Cliff Hollingsworth y Akiva Goldsman.
Intérpretes: Rusell Crowe, Renée Zellweger, Paul Giamatti.
Música: Thomas Newman.
Género: Drama/Biopic. EE UU. 2005.
Puntuación: ****

Ron Howard ha logrado rodar algo más que una historia de boxeo entusiasmante. Tras los guantes de James J. Braddock se escondía la fuerza de un amor que le llevó a superar los límites de lo que parecía humanamente posible, lo que le ganó el apodo de “Cinderella Man”: el hombre Cenicienta.

Argumento
James J. Braddock (Rusell Crowe) es un boxeador que, al llegar el crack del 29, se ve obligado a colgar los guantes. Sumido en la pobreza trata de mantener a su familia con los pocos recursos que tiene al alcance. Debido a diversas circunstancias, James vuelve a boxear y, dando la sorpresa, luchará por el título mundial de pesos pesados. Todo ello con el apoyo y el amor que le brinda su esposa (Renée Zellweger).

¿Rumbo a los Oscar?
Opiniones las hay de todo tipo. Es cierto que en la taquilla no obtuvo el éxito deseado, pero la historia tiene todos los ingredientes para convertirse en la película aclamada de la todavía lejana ceremonia de los Oscar. Un director popular y afamado, buenas interpretaciones con actores de renombre, una historia de superación teñida de patriotismo y una bonita historia de amor.

Lo que tengo claro es que hacía tiempo que no me entusiasmaba tanto con una película en la que un deporte fuese protagonista. Cierto que se puede recriminar a Howard un desenlace algo previsible en la mayoría de los combates, pero la sorpresa no está siempre al final de estos. Es tal vez el último combate y su previsibilidad el gran fallo del director.

En cuanto a la historia, aunque se le puede echar en cara una leve falta de dramatismo en determinadas circunstancias, consigue mantener al espectador en tensión, relajado o con una lágrima colgando según lo requieran las circunstancias. Todo ello apoyado con una excelente interpretación de Rusell Crowe (ojo, porque huele a nominación para los Oscar), una correcta Renée Zellweger y un estupendo Paul Giamatti en su papel de entrenador.

La música de Thomas Newman es correcta –y buena en los combates- pero carece de cierta fuerza en los momentos más intimistas. Como principal fallo se puede decir que los créditos de comienzo suenan demasiado a Camino a la perdición, película musicada por este mismo compositor.

La fuerza del amor
Pero no todo es boxeo en esta historia. Es más, la historia de amor que se encierra en la película le da su auténtica esencia. O mejor habría que decir “las historias de amor”. Historia de amor esponsal, de amor paternal y de amor maternal. Ese amor queda acentuado por la pobreza en la que se ve sumida la familia Braddock debido a la Gran Depresión que sucedió al crack del 29 en Estados Unidos.

Han perdido todos sus bienes materiales y se ven obligados a luchar día a día por lograr un poco más de comida, un poco más de leche, luz y calor. A este respecto es realmente graciosa la respuesta que Crowe-Braddock da a un periodista en una rueda de prensa, antes del gran combate que le puede dar el campeonato mundial (Braddock: “Ahora sé por lo que lucho”. Periodista: “¿Y por qué lucha?”. Braddock: “Por leche”). Los periodistas no entienden esa respuesta, pero su mujer –que en ese momento está a su lado– no puede evitar esbozar una sonrisa.

El amor vence todas las barreras. Cuando Braddock no puede más en el ring, su mujer y sus hijos acuden a su mente: ha de llevarles algo a casa, y sólo lo conseguirá si sigue luchando y venciendo. Y esa fuerza –casi sobrenatural– le lleva a levantarse después de cada golpe, a pesar de que sus brazos ya no responden, a pesar de que sus costillas se encuentran machacadas.

Escena verdaderamente entrañable es aquella en la que Braddock, viendo la escasez de comida y cómo su hija pide un poco más de comida –cuando ya no queda nada–, le narra lo que ha soñado esa noche: estaba en el Ritz y repetía solomillo, patatas y helado, por lo que se encuentra lleno y no puede con su filete. “¿Tú me ayudarías, Rosie?” Le dice a su hija. Y entonces le sirve su filete a la niña.

Esta es la tónica general de una película que consigue emocionar en el plano humano (a pesar de que no faltan las enormes crisis familiares y los malos momentos) y entusiasmar en el plano deportivo. Un buen trabajo del director Ron Howard.

Million Dollar Baby

Million Dollar Baby

Director: Clint Eastwood.
Guión: Paul Haggis (basado en el relato de F.X.Toole)
Intérpretes: Clint Eastwood, Hilary Swank, Morgan Freeman.
Música: Clint Eastwood.
Género: Drama. EE UU. 2004.
Puntuación: ****

Ganadora de 4 Oscar: Película, Director, Actriz (Hilary Swank), Actor secundario (Morgan Freeman).
Nominada a 3 Oscar: Guión adaptado, Actor (Clint Eastwood), Montaje.

Argumento
Frankie Dunn (Clint Eastwood) es un viejo entrenador de boxeador frustrado por su imposible relación con su hija (a la que no ve desde hace muchos años) y por sus continuos fracasos con los boxeadores. Pero un día aparece Maggie Fitzgerald (Hilary Swank), una mujer deseosa de ser entrenada para alcanzar el éxito en los rings. Frankie se niega al principio, pero acaba accediendo. Ve en ella la imagen de su hija y un rayo de esperanza para su vida solitaria. Pero un brusco giro en la historia hará que todo sea diferente.

Los lazos de sangre: la familia
Tanto el personaje de Frankie como el de Maggie, la boxeadora, se ven atormentados por las relaciones con sus familias. Frankie escribe cada semana a su hija, pero ella le devuelve las cartas sin ni siquiera abrirlas. Siente una culpa atroz que le lleva a una soledad desesperada. Maggie tiene una familia odiosa, de la que intenta huir con su afición al boxeo; la pérdida de su padre le supuso mucho sufrimiento, ya que ni su madre ni sus hermanos son la mitad de lo que aquél fue para ella. De esta manera, Frankie ve en Maggie una posible hija, y ella acaba viendo en él a un padre. Pero a la naturaleza no se le puede engañar: al final de la película, Maggie le hará ver a Frankie que realmente no son padre e hija.

En el desdichado personaje de Frankie se puede ver la enorme necesidad de familia en el ser humano. ¿Por qué? Por la sencilla razón de que el hombre necesita que le quieran, y la familia es el único lugar en el que se quiere a la persona porque es de la familia, sin ningún motivo más: el amor más desinteresado que existe es el que se da en el marco familiar. Por eso, cuando a una persona le faltan las referencias familiares, cuando no le quiere su familia, sufre una desorientación tremenda. La familia es el lugar al que siempre se puede volver, donde nos recibirán con los brazos abiertos, como en la parábola del hijo pródigo.

Y aquí aparece un problema: ¿qué ocurre cuando la familia está rota? Que el ser humano se rompe. Y este es un tema de una rabiosa actualidad, en la que se plantean nuevos tipos de "familia", que no ven ésta como el núcleo al que siempre se puede volver -núcleo de amor-, sino como un capricho a la carta. Se trata de un grave error. Sin familia, falta el amor; sin amor, el hombre se convierte en un juguete; sin dignidad, se desemboca en situaciones como la que plantea el final de la película. Y aquí entramos en un punto polémico de la película: su ambigüa moralidad.

Moralidad en Million Dollar Baby
Se han oído muchas voces respecto a este punto. Está claro que Eastwood plantea el dilema de la eutanasia en esta película, pero la pregunta es si lo resuelve a favor o en contra de ésta, o incluso con cierta ambigüedad. Los que opinan que se trata de una apología de la eutanasia dicen que su profundo nihilismo y sus nulas salidas al conflicto de la eutanasia le sitúan como claro defensor de esa aberración. Eastwood se apresuró en su momento a decir que él no apoyaba la eutanasia, pero las imágenes no lo dejan muy claro. En cambio, los que piensan que el director habla de lo nefasto de la eutanasia ponen como argumentos su claridad al plantear el problema y los sufrimientos del protagonista ante tal decisión y su negativa entre la relación Frankie=héroe, sino más bien lo contrario. Ambas pueden parecer válidas, pero creo que depende del público.

El cine, normalmente, provoca una reacción pasiva del espectador: éste absorbe cuanto le transmiten. Pero, aún así, el espectador puede ser capaz de poner de su parte una reacción activa, de interiorización de lo que se le transmite. De esta forma, si nos limitamos a una reacción pasiva, la figura de Frankie queda justificada, así como su acción. Con lo cual, se acoge como bueno lo que ha realizado. La conclusión que se sacaría es que la eutanasia está justificada por la vía sentimental: "pobrecita, ¿qué otra cosa le queda que la muerte?". Pero, sin embargo, ante un espectador que ejerce una reacción activa, el enigma sufre de cierta ambigüedad, que puede ser acogida como negativa o bien como una forma de plantear, por contraste, la maldad de la eutanasia.

En cualquier caso, lo que queda claro es que Clint Eastwood siempre adolece de un nihilismo desolador en sus películas, en las que sus personajes no ven salidas a sus miserables vidas, siempre marcadas por acontecimientos traumáticos del pasado.

Valoración técnica
Hay muchos críticos que no han dudado de calificar esta película como la mejor de su director y la mejor del año 2004: una obra de arte, en su opinión. Es cierto que Eastwood lleva a cabo una realización cuidada, como se ve muy poco en el cine actual, pero en mi opinión no se trata de la mejor película del 2004, ni nos encontramos ante una obra de arte impecable. Sí, es buena, pero no es tanto como se han empeñado en decirnos. Aún así, no le quito mérito a su director, que hace un buen trabajo, tal vez herido por la polémica que ha hecho surgir, pero es que con esos planteamientos vitales parece buscarse la polémica. En fin, buena película, muy buenas interpretaciones de sus actores (aunque tal vez resulta excesivo el Oscar a Morgan Freeman) y una cuidada puesta en escena.

Charlie y la fábrica de chocolate

Charlie y la fábrica de chocolate

T.o.: Charlie and the chocolate factory
Director: Tim Burton.
Guión: John August (basado en la novela de Roald Dahl).
Intérpretes: Johny Depp, Freddie Highmore, David Kelly.
Música: Danny Elfman.
Género: Fantasía. EE UU. 2005.
Puntuación: ****

Argumento
Charlie Bucket (Freddie Highmore) es el hijo de una familia muy pobre. Su gran sueño es una gigante fábrica de chocolate dirigida por el excéntrico Willy Wonka (Johny Depp) y mantenida en el mayor misterio. Y un día, éste decidirá reunir a cinco niños de todo el mundo y permitirles visitar la fábrica: los afortunados serán los que encuentren los cinco billetes dorados escondidos en cinco tabletas de chocolate Wonka. Charlie y otros cuatro niños se embarcarán en este deslumbrante viaje a través de la fábrica de chocolate más grande y fantástica que existe en la tierra.

Una sátira delirante
A través de su estilo estrafalario y fabuloso, Tim Burton adapta el libro de Roald Dahl con asombroso conocimiento de lo que se trae entre manos. El espíritu del escritor británico palpita tras las imágenes del director de cine americano. Aunque esta vez, Burton cambia su habitual estilo gótico por otro, digamos, mucho más barroco: plagado de asombrosos delirios visuales continuamente. Jardines hechos de caramelo y chocolate, enormes salas donde se bate la leche o se prueban nuevos sabores, extrañas máquinas y probetas donde se crean dulces revolucionarios, ardillas adiestradas pelando cacahuetes de forma autómata…

Pero el centro de la película no está en su casi circense pero magnífica puesta en escena, sino en lo que quiere transmitir. El director, recogiendo el guante del escritor del libro, ironiza sobre alguno de los efectos negativos en una mala educación de los hijos. Nos habla de cosas como la enorme influencia –mala, sin duda alguna– que el exceso de televisión y videojuegos tiene en los niños, la nefasta imagen del padre cumple-caprichos o la gula desenfrenada de comida, premios y, en definitiva, todo aquello que sea material y conlleve una especie de soporífero bienestar. Se nos presenta de esta manera a unos niños que realmente no lo son –así lo expresó Roald Dahl en una entrevista que le hicieron hace muchos años– , y que han perdido el encanto por las cosas asombrosas. Y en contraposición a esos niños está el protagonista: Charlie Bucket, un verdadero niño, ya que no se encuentra inundado de juguetes caros, el último boom en videoconsolas, premios, comida, caprichos… cosas materiales, en general; sino que ha sido educado en la austeridad y en el sacrificio por los demás.

Tim Burton siempre nos invita en sus películas a que pensemos –nosotros, los que nos decimos adultos– si somos como niños, si somos capaces de meter una chispa de fantasía en nuestro día a día, si somos personas que todavía disfrutan de los inagotables encantos que rodean nuestra vida o si, por el contrario, nos comportamos como viejos sin ilusión y sin capacidad de asombro. Porque esta película, aunque en su origen es un cuento para niños, está dirigida a los adultos, a cada uno de nosotros.

El valor de la familia
Encontramos todavía un aspecto más al ver esta película: el valor de la familia. El director aborda esta cuestión de un modo tierno, mediante la pobre familia Bucket. Los padres, los cuatro abuelos y Charlie viven en una casa enana con recursos casi inexistentes; pero eso no es obstáculo para su felicidad, basada en el amor mutuo y en la compresión del otro. De esta forma no nos encontraremos con continuas disputas o infelicidades porque falten camas para todos o porque se hace duro llegar a fin de mes. Al contrario, el ambiente verdaderamente familiar que reina en esa casa es todo lo que necesita Charlie y lo que le llevará, al final de la película, a declinar la posibilidad de una vida rodeada de facilidades materiales a cambio del amor de la familia. Y será esto lo que haga que Willy Wonka redescubra el valor de la familia y se reconcilie con su padre.

Creo que merece la pena felicitar a los dos genios que han hecho capaces de que veamos esta maravilla en las pantallas: gracias, señor Dahl; gracias, señor Burton.

Casablanca

Casablanca

Director: Michael Curtiz.
Guión: Julius J. Epstein, Philip G. Epstein y Howard Koch.
Intérpretes: Humphrey Bogart, Ingrid Bergman, Paul Henreid, Claude Rains.
Música: Max Steiner.
Género: Drama. EE UU. 1942.
Puntuación: *****

Ganadora de 3 Oscar: Película, Director, Guión.
Nominada a 5 Oscar: Actor (Humphrey Bogart), Actor Secundario (Claude Rains), Fotografía en blanco y negro, Montaje, Música.

Argumento
En plena Segunda Guerra Mundial, los franceses y demás europeos sometidos a la dominación nazi intentan huir hacia América. Para ello han de esperar en Casablanca, en el Marruecos francés, a conseguir un visado que les permita volar lejos de allí. Mientras dura la espera, el café de Rick Blaine (Humphrey Bogart) es un punto de encuentro común entre unos y otros (tanto alemanes y oficiales franceses como miembros de la resistencia europea). Pero todo conmociona al impasible Rick cuando llegan a su café Ilsa (Ingrid Bergman) y Victor Laszlo (Paul Henreid). Ella, un amor del pasado que prometió olvidar; él, el jefe de la resistencia. Vienen dispuestos a conseguir sus visados, pero un "problema" hace que el futuro de ambos quede en las manos de Rick. A la vez, el capitán Renault (Claude Rains - vendido al gobierno colaboracionista de Vichy) tratará de detener a Laszlo para complacer al Mayor Strasser, oficial alemán.

Valoración: el caparazón de los sentimientos
En esta obra maestra se podrían destacar unos cuantos temas, pero me parece que el que cobra mayor importancia es el mundo controvertido de los sentimientos del protagonista: Rick-Bogart. Al principio, observamos en él a un hombre cínico que "no se arriesga por nadie", dicho con sus propias palabras. ¿Cómo olvidar la famosa frase: "Si tuviese tiempo de pensar en ti, posiblemente te despreciaría"? Un hombre duro, impasible, que mantiene las distancias en todo y con todos. Pero algo hace que todo eso se tambalee y, definitivamente, se derrumba. Se trata de la llegada a Casablanca de Ilsa Lund-Ingrid Bergman, antiguo amor de Rick-Bogart durante su estancia en París, antes de la ocupación alemana. Ambos se amaban con locura, pero algo los separó "definitivamente". Volver a verse en la ciudad africana hace que ambos vuelvan a recordar aquel tiempo. Pero resulta haber un problema: Ilsa se encuentra casada con Laszlo. Ante la situación, explota todo el cinismo y la impasibilidad de Rick-Bogart y vemos que, como decía el capitán Renault: "en el fondo, Rick, eres un sentimental".

Todo esto puede dar lugar a una disquisición sobre la exteriorización de los sentimientos. Y creo que en la actualidad hay una especie de supra-valoración de éstos. Ciertamente se pueden encontrar razones en el "efecto péndulo": tras los años de la Ilustración y su racionalismo brutal, vino el Romanticismo exacerbado; tras ello una nueva fase en la que había que ocultar todo sentimiento, y ahora nuevamente una explosión de los sentimientos fuera de lo normal. Todos estamos más o menos hartos de esos programas de TV en los que los invitados o protagonistas llevan a cabo expresiones de sus sentimientos cercanas a lo burlesco y, sin duda alguna, realmente falsas. Creo que, en muchos casos, se debe a una mala educación de los sentimientos, sin tener en cuenta que éstos forman parte de un conjunto en el hombre: voluntad, inteligencia y sentimientos. Una educación integral supone una formación y preparación en todas estas facultades humanas. Cuando se da a los sentimientos las riendas de la vida (todos hemos visto u oído más de una vez el famoso lema de "déjate llevar por tus sentimientos") se puede llegar a graves problemas, porque los sentimientos son volubles y hoy dicen "sí", pero mañana puede que digan "no". Para discernir lo bueno de lo malo tenemos la inteligencia, y para hacer lo que debemos hacer (lo bueno), tenemos la voluntad. Los sentimientos a veces acompañan y a veces no. Pero no pueden ser quienes dirijan nuestra vida.

En la película se puede observar la lucha de Rick-Bogart, que parece ceder a sus sentimientos para escaparse con Ilsa, pero será su voluntad la que le haga mantenerse firme donde debe estar, una vez que ha logrado discernir su deber.

Para saber valorar y exteriorizar los sentimientos es necesario una formación que sea realmente integral, que abarque todas las facetas del hombre. Sólo así sabremos dar a cada cosa su importancia, sabremos discernir lo malo de lo bueno y, a pesar de las dificultades, nuestra voluntad será capaz de llevarnos por ese camino.

Valoración técnica
Lo que destaca por encima de todo son los estupendos diálogos y la trabajada personalidad de Rick-Bogart. Esta película ha logrado inmortalizar miles de frases y escenas: "Tócala otra vez, Sam", "Yo no me arriesgo por nadie", "Si tuviese tiempo de pensar en ti, posiblemente te despreciaría", "Creo que este es el comienzo de una bonita amistad" y un largo etcétera. Y en cuanto a Humphrey Bogart, esta película logra dar esa imagen de tipo duro que ya había despuntado en El Halcón Maltés y que más tarde se consolidaría en él con El Sueño Eterno y demás clásicos del cine negro. No en vano, de Bogart se dice que su última frase fue: "Nunca debí cambiar del scotch a los martinis". Una personalidad un tanto curiosa.

Sobre las escenas, ¿cómo no acordarse del momento, que -incluso sin ser francés- resulta tan emotivo, en el que la Marsellesa tapa a Die Wacht Am Rhein? ¿O el flashback en el que se ve felizmente paseando en un descapotable a Rick-Bogart con Ilsa por París?

Casablanca es un clásico y un mito inolvidable, que siempre mantendrá en nuestras retinas imágenes tan cercanas... tan lejanas. Al fin y al cabo, "siempre nos quedará París".

Entrevista a Tim Burton

Entrevista a Tim Burton

Entrevista publicada en El Cultural de El Mundo, 28 de julio de 2005, acerca de su gran proyecto de este verano: Charlie y la fábrica de chocolate.

- ¿Fue el cuento de Roald Dahl de 1964 una lectura de su niñez?
- La leí de niño, por supuesto. Me fascinó porque sentí que el cuento me hablaba como a un adulto. Y me entusiasmó leer la obra de un escritor al que no le daba miedo combinar emoción, humor y oscuridad, luz y tinieblas. Vio y comprendió la naturaleza extraña y subversiva de la infancia. Me sentí identificado, y ahora trato de hacer lo mismo en mis películas. No he visto la versión en cine de 1971 con Gene Wilder hasta haber acabado mi trabajo. No me pareció gran cosa y creo que hemos sido algo más fieles al libro.

- Con 13 millones de volúmenes vendidos en todo el mundo en 32 idiomas, se ha atrevido con su coguionista John Augustus a crear una biografía infantil del chocolatero Willy Wonka y de la tempestuosa relación con su padre, el dentista Wilbur Wonka, ausentes en el texto original y tomándose bastantes libertades.
- Ha sido posible gracias a la fiel depositaria del legado Dahl, su viuda Felicity, quien dejó todo el control en mis manos sin siquiera inmiscuirse. Sin ella, jamás habría sido posible. Ya habíamos colaborado anteriormente para James y el melocotón gigante y para mí, su reacción ha sido más importante. Más que la del estudio o el público. Sólo obtuve de ella apoyo incondicional.

-En la biografía no autorizada que escribió Ken Hanke en 1999, se describe al detalle la dificilísima relación que usted mantuvo con su padre, el deportista profesional Bill Burton, al que decepcionó con su elección artística. ¿Cuánto hay de personal en la película?
- Eeeeeerrrrrrr... supongo que le disgustó el hecho de que no me convirtiera en una estrella del deporte, pero francamente, aunque me gustaba no iba conmigo. Tampoco le anuncié "quiero ser director de cine", aunque ya hacía películas de niño. Leí a Roald Dahl más tarde como, al ser un niño de origen noruego que entró en los años 20 en un internado de élite inglés, la Repton Public School, se sintió horrorizado por el nivel de crueldad, brutalidad y tiranía existente. Su fascinación por el chocolate nació porque en las inmediaciones estaba la fábrica Cadbury y a veces invitaban a los escolares a probar nuevos productos. Pero en fin, yo siempre me sentí diferente a mis compañeros de estudios, y que no pertenecía ni a mi vecindad ni a mi país. Viví una infancia y adolescencia de recluso, dedicándome a dibujar y filmar. Este ha sido un factor más de identificación.

- Esta es una película para adultos, quizá demasiado oscura para un público infantil.
- He querido mantenerme fiel al espíritu de Dahl. No es una película simpática para los niños, sino irónica tanto hacia ellos como hacia los adultos. Sí es una película dirigida a los niños, pero no es endeble, complaciente ni empalagosa.

- La pobreza extrema de la vida de Charlie Bucket, el protagonista, y su familia evoca referencias a Charles Dickens. ¿Lo tuvo en mente?
- Absolutamente. Charlie es un niño pobre que adora a su familia y se viste como Sebastian Rice-Edwards en la película de John Boorman Esperanza y gloria. Pero hay también algo de Stanley Kubrick, Alfred Hitchcock y una clara referencia a La mosca. Y homenajes a varios programas infantiles televisivos de los años sesenta, un género completamente desaparecido.

- Ha elegido y "clonado" por centenares a un sólo actor, Deep Roy, que ya ha trabajado antes en El planeta de los simios y Big Fish. Él solito interpreta a los centenares de esclavizados Oompa Loompas, que operan la factoría chocolatera de Willy Wonka. ¿Es una elección estética o económica?
- Pese a medir 1,20 metros es un hombre perfecta y armónicamente construido, al contrario que en la primera película, en la que usaron a gente un poquito deforme. Lo que hemos hecho ha sido multiplicarle tanto con efectos CG como muñecos animatrónicos. E incluso, para evitar efectos especiales, aumentamos el diseño de sets para reducirle incluso un tercio más sin necesidad de pantallas azules. La idea me vino desde el principio, releyendo el libro. No tuve una razón real para hacerlo, seguí simplemente un sentimiento basado en la intuición. Ha sido más bien un deseo de experimentar.
(...)
- ¿Quién es Willy Wonka, en sus palabras?
- Es un recluso al estilo de Howard Hughes, también en posesión de una personalidad compulsiva-obsesiva. Y su aislada fábrica tiene algo de la mansión Xanadú del ciudadano Charles Foster Kane. Es un adulto que aún sigue siendo un niño y al que las niñas y mujeres le parecen algo repulsivas. Fabrica chocolate porque su padre, un dentista sofocante, jamás le permitió comerlo, de ahí su espectacular dentadura perfecta. Le hemos querido dar al personaje algo de hondura psicológica, alejada del tratamiento musical de Gene Wilder. Y el nombre de Willy Wonka fue para mí casi el mejor hallazgo. Roald Dahl lo tomó de un boomerang que diseñó su medio hermano Louis, que le bautizó skilly-wonka. Esto lo encontré en la correspondencia del escritor cuando un ciudadano norteamericano llamado Willy Wonka le escribió quejándose de haber utilizado su nombre. ¿No es una gran historia?

- Lo es. En su cuarta y penúltima colaboración antes de la próxima La novia cadáver, Johny Depp va casi más lejos que nunca. Eduardo Manostijeras, Ed Wood y el forense Ichabold Crane son grandes creaciones, pero dentro de las levitas y guantes de látex de su Wonka se comporta ante el espectador como un atleta ante un verdadero tour de force.
- Johny siempre logra soprenderme y trata de llegar lo más lejos posible, lo cual hace que el trabajo se más excitante y, a la vez, más fácil para mí. Le gusta disfrazarse y transformarse, hacer el loco y lucir el ridículo.

- Dentro de los elegantes trajes y bajo la chistera de Wonka, al hablar suena como Michael Jackson.
- Hizo un poco de todo. Está Jackson, pero también Truman Capote, Howard Huges y Anne Wintour, la directora del "Vogue" americano. Y muchos presentadores de programas infantiles de los 60, George Jessell, Charles Nelson Reilly y Wally Cox. Y en cuanto a los trajes... hay algo del circo del rock de los 60, una versión de la melenita de los Beatles y del guardarropa de Brian Jones, de los Rolling Stones.
(...)

(Pendientes)

Hamlet de Brannagh

El rostro

Blade Runner

Blade Runner

Director: Ridley Scott.
Guión: Hampton Fancher y David Peoples (basado en la novela de Philip K. Dick).
Intérpretes: Harrison Ford, Rutger Hauer, Sean Young.
Música: Vangelis.
Género: Ciencia-ficción. EE UU. 1982.
Puntuación: ****

Nominada a 2 Oscar: Dirección artística, Efectos especiales.
Nominada a 1 Globo de Oro: Banda Sonora.
Diversos premios y nominaciones internacionales.

Argumento
Los Angeles: 2019. El hombre ha creado a los replicantes, criaturas más perfectas que los hombres, pero con una vida limitada a los 4 años desde su creación. Usa a estos replicantes como esclavos en las colonias del exterior del planeta. Pero cinco de ellos se escapan y Deckard (Harrison Ford), agente Blade Runner encargado de eliminar replicantes, será obligado a acabar con ellos. En este contexto, se darán distintas relaciones del protagonista con los replicantes y se abrirá un importante interrogante semi-filosófico.

Valoración: Existencialismo
Esta película consigue hacer una pregunta cuanto menos interesante. ¿Es el hombre una criatura como el replicante, que tras vivir unos pocos años -no nos engañemos, sean 80 ó 20, son pocos- moriremos y no habrá nada más? La frase que le dice un agente a Deckard resulta esclarecedora al respecto, cuando le habla de una replicante que morirá en breve, pues así está escrito en su organismo: "Lástima que ella no pueda vivir, pero ¿quién vive?". En la película se da la siguiente visión: "aprovecha tu vida, porque es muy corta y, cuando mueras, todo habrá terminado". En la escena en la que quedan enfrentados el 'creador' de los replicantes y uno de éstos queda más o menos planteada la tesis de la película mediante el reflejo de creador=Dios, replicante=hombre: el Creador, cruelmente, diseña sus criaturas y las deja vivir, las deja saborear lo bueno y lo malo... pero sólo por un poco de tiempo, luego mueren y nada queda de ellos. Desde luego, se trata de una tesis puramente existencialista, en mi opinión alejada de la realidad.

Aunque bien es cierto que consigue plantear el interrogante de si hay algo tras la muerte. Lo que queda claro al verlo es que esa opción que presenta la historia está llena de algo un tanto absurdo... tal vez una especie de irracionalismo vitalista cercano a Nietzsche; de hecho es fácil comparar 'la muerte de Dios' de la que hablaba el filósofo alemán con la muerte del creador de replicantes a manos del replicante Roy. De esa manera, cabe la posibilidad de abrazar la opción existencialista e irracionalista que plantea el film o bien pensar en lo absurdo que resulta tal posición y preguntarse: "¿hay algo realmente tras la muerte?". Sólo hay dos posibilidades: sí o no. Si fuese no, la situación es exactamente la misma que plantea la película: haz lo que te dé la gana, disfruta de lo poco que puedas vivir... pero, si realmente no se cree en algo más allá, todo carece de sentido. Si la respuesta es sí, entonces uno se da cuenta de que todo cobra un sentido; como decía Máximo en Gladiator: "lo que hacemos en esta vida, tiene su eco en la eternidad". Y es bien cierto.

Y también destacar el interesante monólogo del replicante Roy antes de su muerte, que resulta ser la postura que adopta alguien que vive esa visión existencialista: "He visto cosas que vosotros los hombres no creeríais. Atacar naves en fuego en el cinturón de Orión. He visto rayos C brillar en la oscuridad cerca de la puerta de Tannhauser. Todos estos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir".

Valoración técnica
La historia está inmersa en un ambiente tremendamente sórdido que es capaz de subrayar esa intención tan existencialista que se esconde tras la cinta. La sordidez nos viene a decir: "mira qué horrible es este mundo, mira qué cruel es quien nos ha dejado aquí abandonados". Pero no hay que olvidar que esa sordidez viene por culpa del hombre, ya que es él quien hace perder al mundo su belleza (aunque también es él quien da un sentido a todo lo que nos rodea, no nos olvidemos de eso).

Como película de ciencia-ficción, cuenta con unos trabajados efectos especiales que, ciertamente, para lo que había en 1982, están muy logrados. No en vano, estuvieron a punto de lograr el Oscar en este apartado, que fue a parar a E.T.. Aunque es mejor no tener en cuenta algunas cosas, como los coches, que parecen más bien de papel-cartón...

En definitiva, buen trabajo de un Ridley Scott que poco después se vendería al comercialismo barato, aunque es bueno tener en cuenta cuál es la visión que se plantea del interrogante abierto por la película.

Ciudadano Kane

Ciudadano Kane

T.o.: Citizen Kane
Director: Orson Welles.
Guión: Orson Welles y Herman J.Mankiewicz.
Intérpretes: Orson Welles, Dorothy Comingore, Agnes Moorehead, Ruth Warrick.
Música: Bernard Herrmann.
Género: Drama/Biopic. EE UU. 1941.
Puntuación: *****

Ganadora de 1 Oscar: Guión original.
Nominada a 8 Oscar: Película, Director, Actor (Orson Welles), Fotografía en blanco y negro, Música, Montaje, Dirección artística en blanco y negro, Sonido.

Argumento
Charles Foster Kane, el hombre más rico que jamás pisó la faz de la tierra, ha muerto. Todos los periódicos se hacen eco de la noticia. Pero un grupo de periodistas se preguntan acerca de sus últimas palabras: "Rosebud". ¿Qué se esconde tras esa palabra? Un periodista se lanza a la búsqueda de información y habla con todos aquellos que le conocieron y estuvieron cerca de él. De esta manera, el espectador va descubriendo la verdadera identidad de Charles F. Kane, su vida, todo lo que le ocurrió y cuanto pensaba. Todo para intentar resolver el misterio de "Rosebud".

Valoración: "Rosebud"
Película que forma parte de los clásicos imprescindibles para entender un poco más la historia del celuloide. Tal vez el mayor logro de Welles sea precisamente la creación de dos mitos del cine: Kane y "Rosebud". Sobre Kane, es curiosa la comparación entre el creador y su criatura... realmente hecha a "imagen y semejanza" del primero. Y en cuanto a "Rosebud", es posiblemente el gran mito del cine. Pero creo que lo mejor no es toda la expectación creada en torno a ello, ni siquiera la magnífica forma de escarbar en la excéntrica vida de un hombre a través de una sola palabra. Lo mejor de ese mito es el profundo sentido que guarda y su influencia continua -aunque oculta- en las imágenes, en los hechos y en la vida de Kane.

No, no desvelaré el misterio: ¿Qué es Rosebud? No responderé a la pregunta que se hacen los periodistas al principio de la cinta: ¿será una mujer, un coche, un caballo? No a esa pregunta material, aunque sí responderé al sentido profundo que puede esconder esa palabra misteriosa.

Puede ser perfectamente interpretada como la infancia perdida. De ahí surgen todos los desórdenes afectivos de Kane: no tuvo infancia, porque fue arrancado del seno familiar -aunque con la egoísta, o tal vez desafortunada, aprobación materna-. Sí, el gran problema de Charles Foster Kane es que todas las personas que podían parecer importantes en su vida le abandonan: su primera y su segunda mujer, su gran amigo Jedediah Leland, e incluso el bueno de Bernstein. Solo. Kane se queda solo, porque en sus relaciones sólo busca sentirse amado, nunca amar. Y este gran fallo afectivo viene de una falta brutal de amor en la infancia: no tuvo madre ni padre que le amasen.

Otra posibilidad del sentido de "Rosebud" es: ¿qué hubiese sido de su vida sin esa fortuna? Es una posibilidad compatible con la anterior, aunque con menos sentido, ciertamente. En una segunda visión de la película, una vez visto cuál es el significado material de la extraña palabra, la profundización personal puede dar respuestas a todas las preguntas, sobre todo a ésta: ¿Qué es Rosebud?

Valoración técnica
Es absolutamente increíble el tratamiento de los planos de Welles. Cada toma es una pequeña obra de ingeniería, o tal vez una especie de cuadro con cada detalle pensado. Welles habla de los personajes en cada plano con picados, contrapicados, juegos y contrastes de luces sorprendentes, primeros planos... La película se convierte en una sinfonía de imágenes, más que una secuencia de éstas. Algunas escenas llenan la pantalla de personajes en distintos planos, como la escena en la que los padres de Kane firman su partida mientras se le ve por la ventana jugando con la nieve; o la escena en la que se descubre la relación entre Kane y Susan Alexander (la cantante), en la puerta de la casa de ésta, con su mujer y Gettys... En fin, son cosas que merece la pena descubrir por uno mismo uno y otra vez. Y, ¿cómo olvidarse de la magnífica interpretación de Orson Welles, rodeado de actores noveles?

Pues sí, damas y caballeros, una obra de arte para los anales del cine. Imprescindible.

Fresas salvajes

Fresas salvajes

T.o.: Smultronstället.
Director y guionista: Ingmar Bergman.
Intérpretes: Victor Sjöström, Bibi Andersson, Ingrid Thulin, Gunnar Björnstrand.
Música: Erik Nordgren.
Género: Drama. Suecia. 1957.
Puntuación: *****

Argumento
Un viejo doctor de medicina (Victor Sjöström) está a punto de ser nombrado Doctor Honoris Causa por la universidad que le formó. En su viaje a esa ciudad, acompañado de su nuera (Ingrid Thulin), recordará tiempos de su infancia y juventud: rememorará el rechazo de su prima (Bibi Andersson) en favor de su hermano, la crueldad de él para con su mujer y sus efectos, visitará a su madre -anciana de 96 años- y redescubrirá a su nuera. Y de esa curiosa manera, en esa introspección el viejo doctor descubre su egoísmo y su soledad vital, lo que le llevará a un cambio profundo.

Valoración: memoria, egoísmo, arrepentimiento
Magistral obra del sueco Bergman, en la que nos asesta un puñetazo frontal y sin rodeos. La película golpea directamente y sin remilgos de ninguna clase al espectador, y pretende de este una catarsis. Es decir, una purificación del que observa la historia del doctor Borg. De esa manera, el arrepentimiento de Borg intenta llevar al público a su reflexión: ¿y yo? ¿Soy también yo un redomado egoísta?

En esta película, los recuerdos y la memoria de todo lo acontecido a lo largo de la vida no tiene tanto un sentido de nostalgia, sino más bien la examinación de la culpa. ¿Fui cruel con los demás? El doctor Borg observa minuciosamente todos aquellos momentos que marcaron giros en su vida, y se da cuenta de que su egoísmo escondido tras una fachada de inexistente bondad le ha servido para aislarse de los demás en su soledad. Una soledad -como ya digo- egoísta. Pero Bergman pretende que, mediante el proceso de identificación con el personaje, el espectador se haga las mismas preguntas. Y el doctor Borg termina aprendiendo de sus errores felizmente y es capaz de arrepentirse de ello. Es ésta una virtud impagable: la capacidad de pedir perdón y arrepentirse. Y es en ese momento que el director pasa el testigo al público, todavía aturdido por el golpe recibido.

Valoración técnica
Y entrando en campos más "cinematográficos", cabe destacar, en primer lugar, la soberbia fotografía: juego de contrastes y de sombras, marcada por los flashbacks en los que el doctor recuerda su juventud, en los que todo encaja perfectamente, incluso ese mundo de sueños tétrico que atormenta al doctor. Y también es mencionable la soberbia interpretación del protagonista, con una expresividad cuasi perfecta -no en vano, Sjöström procedía de la escuela del cine mudo-.

Un perfecto 10 para Bergman: esta película es, sin duda alguna, uno de los grandes pilares del séptimo arte.

Los chicos del coro

Los chicos del coro

T.o.: Les choristes.
Director y guionista: Christophe Barratier.
Intérpretes: Gérard Jugnot, François Berléand, Jean-Baptiste Maunier, Maxence Perrin.
Música: Bruno Coulais.
Género: Drama. Francia. 2004.
Puntuación:****

Nominada a 2 Oscar (Película de habla no inglesa, Canción: "Vois sur ton chemin").

Argumento
Clément Mathieu (Gérard Jugnot) es un profesor de música que va a parar a un reformatorio francés de la década de los 40, dirigido por un rígido director (François Berléand). Al principio, se enfrentará a una terrible situación, con alumnos conflictivos, bastante pequeños (el mayor tendrá unos 14 años). Formará un coro que cambiará completamente la vida en el reformatorio, descubriendo especialmente a un chico con una voz angelical (Jean-Baptiste Maunier).

Valoración
Obra maestra en la que Barratier se estrena como director. Maravilla técnica y, aún más, maravillosa historia. Es difícil ver una película como esta en la actualidad. Sus personajes son estupendos, interpretados de manera sorprendente, destacando por encima de todos el solista Morhange (Jean-Baptiste Maunier) y el pequeño Pépinot (Maxence Perrin), que emocionan, como lo hace toda la película.

Música
Compuesta por Bruno Coulais. Es uno de los pilares de la película y está en todo momento presente. No pasa desapercibida, plasmada en unas estupendas voces en el coro de la película. Melodías sencillas, pausadas y evocadoras, con una fuerte carga emotiva, que consiguen realzar la estupenda historia.

Comentarios
Encantadores personajes, sobre todo el pequeño Pépinot, que arranca una sonrisa tierna del espectador. Morhange... ¡qué decir de este fabuloso personaje! Al final uno parece haberse encariñado de este chiquillo. Y el fabuloso Clément, que consigue llevar su alegría interna a la dureza diaria del reformatorio y que demuestra que la música puede cambiar muchas cosas, incluidas las almas de los hombres.

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La lista de Schindler

La lista de Schindler

T.o.: Schindler's list
Director: Steven Spielberg.
Guión: Steven Zaillian.
Intérpretes: Liam Neeson, Ben Kingsley, Ralph Fiennes.
Música: John Williams.
Género: Drama/Campo de concentración. EE UU. 1993.
Puntuación:****

Ganadora de 7 Oscar (Película, Director, Guión adaptado, Fotografía, Banda Sonora Original, Montaje, Dirección artística). Nominada a 5 Oscar (Actor -Liam Neeson-, Actor de reparto -Ralph Fiennes-, Vestuario, Sonido, Maquillaje).
No recomendada a menores de 15 años.

Argumento
Durante la II Guerra Mundial, un empresario alemán, Oskar Schindler (Liam Neeson), decide sacar a flote una empresa siderúrgica con empleados judíos en Cracovia. De esta manera, consigue mano de obra barata y, aprovechando la poca competencia, pronto empieza a ingresar grandes cantidades. Pero las cosas empiezan a cambiar cuando su gerente (Ben Kingsley), también judío, le hace ver a Schindler el horror del holocausto y le pide su ayuda. Así, Schindler salvará a un buen número de judíos mediante la contratación en la empresa.

Valoración
Esta es, sin duda, la más importante y representativa de la enorme saga de películas sobre el holocausto. Es muy exhaustiva y explícita, y todo el torrente de películas sobre judíos que ha venido después no son más que notas al pie de página de esta película. Dramática, sin lugar a dudas, y bien planteada la situación. Se subraya un cambio del protagonista -que al principio de la película sólo busca su enriquecimiento- manifestando así la solidarización con las víctimas del horror.

Algo que no se le puede negar a Spielberg en esta película es una cuidada exquisitez formal, empezando por el atrevido uso del blanco y negro durante toda la película (habiendo una pequeña excepción muy curiosa). Y tampoco se le puede negar un magnánimo tema de fondo, que es más bien el salvar vidas humanas, mucho más allá de si son judíos o no. Pero lo que sí se le puede reprochar es el tratamiento excesivamente explícito y algo crudo de los excesos de Schindler o Goeth (herr Comandant), ya que es posible crear esa sensación con una simple insinuación.
Hay que aplaudir a la sobrecogedora música de John Williams, que acompaña el filme de una forma bien congeniada, dándole un mayor dramatismo al conjunto. Y también una buena nota a los tres actores principales.
En su conjunto, la principal película de judíos. Sin duda alguna, la primitiva y más global. Todas las que han venido después no han sido más que repeticiones de alguna pequeña parte de esta película.

El Bosque

El Bosque

T.o.: The Village.
Director y guionista: M.Night Shyamalan.
Intérpretes: Bryce Dallas Howard, Joaquin Phoenix, Adrien Brody, William Hurt, Sigourney Weaver, Brendan Gleeson.
Música: James Newton Howard.
Género: Drama/Suspense. EE UU. 2004.
Puntuación: ****

Nominada a 1 Oscar (Banda Sonora Original).

Argumento
Una pequeña aldea de época vive aislada del mundo. Está rodeada por un bosque en el que viven unas terribles criaturas con las que han realizado un pacto: ellos no entrarán en el bosque y las criaturas no saldrán de allí. Y en la desasosegada quietud del pueblo, una chica ciega muy viva, Ivy (Bryce Dallas Howard), se enamora del tímido Lucius (Joaquin Phoenix). Este romance les hará intentar atravesar el bosque para llegar a la ciudad: un mundo desconocido.

Valoración
Lirismo y profundidad son las piedras de toque de una película delicada y detallista. Estamos ante un cuento de hadas, una utopía, una experimentación con el ser humano ante el dolor, el sinsentido de la violencia y el engaño vital como respuesta a ambos.

El romance de Ivy y Lucius cargará la película con su trama y su amplia metáfora. Los personajes, esbozados con un talento indiscutible, esconden en sí el simbolismo que Shyamalan despliega. Así, la ceguera de la cándida Ivy nos habla tal vez de la ceguera del hombre ante los momentos de dolor –contrastando así el valor de Ivy con la engañosa cobardía del “Consejo” del pueblo–, y la timidez del joven Lucius quizá nos esté diciendo algo sobre el carácter inocente de la gente sin culpa –esos de los que huye el “Consejo”–. Y un personaje misterioso como Noah, un joven con una enfermedad que le hace ser un niño, nos susurra a gritos lo absurdo que puede llegar a ser el hombre cuando no tiene en su mente una guía para sus actos.

La cuidada ambientación nos quiere expresar que lo que tenemos ante nuestros ojos tal vez no sea muy real por ser un cuento de hadas o tal vez es la realidad camuflada en una bella metáfora. El inteligente juego cromático nos cuenta cosas muy interesantes. El “color prohibido”, el rojo, se convierte en un símbolo del dolor asfixiante; y el amarillo, el “color seguro”, tiene un significado muy especial: el mismo Van Gogh utilizó profusamente ese color cuando quería dar una sensación de normalidad; pero ¿qué normalidad puede haber en un pobre desequilibrado? ¿qué normalidad puede haber en una aldea torturada por su pasado y ahogada por su futuro? Ese “color seguro” nos hace ver la desasosegada vida de la aldea, camuflada en un simple color.
Y, por último, se encuentran diálogos de una calidad insuperable en películas contemporáneas, en especial, la lírica y bellísima escena en la que Ivy y Lucius hablan, discuten y se declaran su amor en el porche de la casa de ella.

En definitiva, una poesía en imágenes, tal vez levemente resentida por una excesiva atención a la aparición de una “criatura” al final de la película. Pero creo que al hablar de Shyamalan hablamos de un director con futuro y, sobre todo, con muchas propuestas interesantes ante el creciente vacío del cine actual.

Música
Compuesta por James Newton Howard y nominada a los Oscar. Es una delicia para los oídos, y nos mete de una forma genial en la película y, teniendo en cuenta que la protagonista es ciega, nos intenta decir con emotivas melodías lo que Ivy no puede ver. Usa el solo de violín (Hillary Hahn), sorprendiendo gratamente. Una unión entre música e imágenes que maravilla, y en algunas escenas roza la perfección.

Centauros del desierto

Centauros del desierto

T.o.: The searchers
Director: John Ford.
Guión: Frank S. Nugent.
Intérpretes: John Wayne, Jeffrey Hunter, Ward Bond, Vera Miles.
Música: Max Steiner.
Género: Western. EE UU. 1956.
Puntuación: ****

Argumento
Ethan Edwards (John Wayne) regresa de la Guerra de Secesión americana. Pero tendrá que lanzarse a la búsqueda de su sobrina, raptada por los indios. En la búsqueda le acompañará un chico huérfano al que recogió, Martin (Jeffrey Hunter). De esta manera, habrá un choque de carácter continuo entre los dos: Ethan un hombre áspero y de vuelta de todo, y Martin un chico intentando desplegar sus alas. Más que mostrarnos la búsqueda de la sobrina, John Ford nos muestra la continua búsqueda de un lugar en el mundo por Ethan y Martin.

Valoración
La obra más afamada de John Ford, aunque en su época no tuvo mucho éxito. Steven Spielberg respondió rápidamente cuando le preguntaron cuál era la mejor película de la historia: "The searchers" (Centauros del desierto).
Como ya he dicho, el tema principal de la película es la búsqueda de un lugar en el mundo ("Searchers" significa buscadores). Es el personaje llamado el "dislocado", es decir, el que no tiene un lugar; y ya se encuentra en las obras clásicas de Homero o Virgilio. Y es que el personaje de Ethan guarda un enorme parecido al Ulises de la "Odisea". No en vano, el western es la épica americana.
Sin duda, gran calidad técnica en esta película (obsérvense los planos tan magistrales que usa Ford, con una composición magistral); excelentemente interpretada, con mención especial para John Wayne, y con unos personajes muy trabajados (incluso los secundarios).

Personajes
Ethan (John Wayne): un hombre misterioso, que oculta un pasado que pocos conocen (si alguien lo conoce). Vuelve a casa de su hermano y su cuñada tres años después de terminar la guerra. ¿Qué hizo durante ese tiempo? No se sabe bien, pero lo que sí se puede asegurar es que está pasado de rosca, nada le puede sorprender ya, parece un hombre áspero, nada le llama la atención. Un personaje a analizar personalmente.
Martin (Jeffrey Hunter): es muy parecido a Ethan, pero se da cuenta de que no quiere acabar como él, sin una referencia en su vida, pero no parece darse cuenta de que todo lo que hace le puede llevar a ello si no pone atención.

La Terminal

La Terminal

T.o.: The Terminal
Director: Steven Spielberg.
Guión: Sacha Gervasi, Jeff Nathanson.
Intérpretes: Tom Hanks, Catherine Zeta-Jones, Stanley Tucci.
Música: John Williams.
Género: Comedia/Drama. EE UU. 2004.
Puntuación: ****

Argumento
Viktor Navorski (Tom Hanks) es un extranjero de la república de Krakozhia -un país imaginario del este de Europa- que llega al aeropuerto de Nueva York. Pero en su país ha estallado la revolución y quedan cancelados todos los pasaportes de sus habitantes. Por tanto, Viktor se verá obligado a pasar meses y meses en la terminal de tránsito internacional, a la espera de que termine la guerra en su país, a la espera de poder entrar en Nueva York. En la terminal conocerá a buenos amigos y a una estresada azafata (Catherine Zeta-Jones), con la que surgirá el amor.

Valoración
Buena película de Steven Spielberg en un asalto del director a algo muy parecido a una comedia, aunque tiene ciertos tintes de drama y en algún momento podrá sacar una lagrimilla al espectador. Consigue transmitir un ambiente de cierta desolación en el personaje, pero lo hace con un aire muy desenfadado y el resultado es brillante.

El lema de la película da lugar a interesantes reflexiones, reflejadas en parte en la película: "La vida es esperar" (Life is waiting). Y este lema presenta varias caras distintas, desde el optimismo de Viktor -a pesar de la dureza de su situación- al fatalismo de la azafata interpretada por Zeta-Jones, pasando por la alegre -y a la vez, algo angustiosa- vida de los empleados del aeropuerto que intiman con Viktor.
A la vez se nos muestra la relación que mantiene Viktor con el comisario de aduanas del aeropuerto, el señor Dixon (Stanley Tucci). Una relación muy curiosa que nos puede hacer pensar sobre el deber y la obligación en el trabajo, a la vez dentro de una cierta flexibilidad, ya que el comisario llega hasta extremos insospechados por culpa de su rigidez.

Excelente actuación de Tom Hanks, que borda un papel complicado con una solvencia extraodinaria. Sin duda alguna, una de las mejores interpretaciones del año 2004, aunque la Academia de los Oscar se siga tapando los ojos en ciertos momentos. Un diez a Tom Hanks.

Pickpocket

Pickpocket

Director y guionista: Robert Bresson.
Intérpretes: Martin LaSalle, Marika Green, Pierre Leymarie.
Música: Jean-Baptiste Lully.
Género: Drama. Francia. 1959.
Puntuación: *****

Argumento
Interpretación de la novela Crimen y castigo de Dostoyevski. Michel (Martin LaSalle) es un joven aficionado a robar carteras, pero siempre le descubren, hasta que empieza a aprender gracias a la ayuda de otro carterista. Entra en una espiral peligrosa en la que ya sólo robar le interesa, abandonando el interés por sus amigos Jacques (Pierre Leymarie) y Jeanne (Marika Green). A la vez, un inspector de policía le va siguiendo la huella.

Valoración
Profunda película del curioso director francés Robert Bresson, en el que desenvuelve una vez más su peculiar estilo cinematográfico y sus siempre interesantes propuestas. Su trato de la cámara siempre nos sorprende por su increíble sencillez, haciendo de la objetividad su principal rasgo: él sólo nos presenta unos hechos, casi como en un documental. Le da una importancia vital al sonido y a los silencios.

Esta vez, nos presenta una interpretación bien trabajada de la novela Crimen y castigo, tratando así los temas de la culpabilidad, la conciencia o la redención en el amor. Sobre la conciencia, así como hacía Dostoyevski, nos dice que ningún hombre puede intentar abolirla, porque sería su perdición más absoluta: llegaría a rozar la locura, que tal vez no está tan desarrollada en este personaje como en Raskolnikov. Y nos presenta, además de un trato de la culpabilidad de nuestros actos, la redención por el amor en el personaje de Jeanne, gracias a la cual, Michel conseguirá huir del infierno que le tiende su propia mentira.

Una película interesante, aunque quizás es bueno saber que no es fácil de ver si no se está precavido de que lo que se tiene entre manos es una película de Bresson, siempre profundo y siempre interesante.

Un condenado a muerte se ha escapado

Un condenado a muerte se ha escapado

T.o.: Un condamné à mort s'est échappé
Director y guionista: Robert Bresson.
Intérpretes: François Leterrier, Charles Le Clainche, Maurice Beerblock, Jacques Ertaud.
Música: Wolfgang Amadeus Mozart.
Género: Drama. Francia. 1956.
Puntuación: ****

Argumento
Fontaine (François Leterrier) es un preso francés en manos de los nazis. Desde el mismo momento en que llega a la cárcel -e incluso antes- hará todo lo posible por escapar, de forma tremendamente laboriosa, a pesar de que todos le intentan persuadir de que es imposible. En la cárcel, a los presos sólo les queda un remedio: actuar, escribir, no quedarse pasivos y no dejarse vencer por la desesperanza. Y este es el tema central: la lucha por mantener una esperanza.

Valoración
Robert Bresson nos vuelve a presentar una película profunda y, por ello, a veces complicada de ver. Mantiene sus rasgos estilísticos como la cámara casi estática para lograr la objetividad o una gran importancia de los silencios. Lleva a cabo la historia con una notable trascendencia de los monólogos en off del personaje central, descubriéndonos así todo su interior.

Abarca, como ya he dicho, la esperanza en una vida mejor fuera de los muros de la cárcel. En definitiva, la esperanza de todo hombre en la salida de sus penas. Pero para ello nos muestra la incansable laboriosidad del personaje, y lo hace a tiempo casi real, que por momentos nos pueden llegar a parecer tediosos: la laboriosidad, que a pesar de su monotonía y su controversia en las personas que rodean al personaje -que nos rodean a nosotros-, tiene su recompensa y su meta. Es decir, nos presenta los obstáculos físicos e internos de lo que puede ser nuestra misma vida.

Amadeus

Amadeus

Director: Milos Forman.
Guión: Peter Shaffer.
Intérpretes: F.Murray Abraham, Tom Hulce, Elizabeth Berridge.
Música: Wolfgang Amadeus Mozart.
Género: Drama. EE UU. 1984.
Puntuación: *****

Ganadora de 8 Oscars (Película, Director, Guión adaptado, Actor -Murray Abraham-, Vestuario, Dirección artística, Maquillaje, Sonido).
Nominada a 3 Oscar (Actor -Tom Hulce-, Fotografía, Montaje).
Ganadora de decenas de premios internacionales (BAFTA, American Critics, Globos de Oro, David di Donatello...).

Argumento
Basado en una leyenda que atribuye al compositor Salieri la muerte de Mozart, describe la llegada de éste a Viena y cómo Salieri, compositor de cámara del Emperador, ve peligrar su puesto por el talento del joven Mozart y decide acabar con él.

Valoración
Sencillamente genial. Dejando aparte la veracidad histórica, que puede ser perfectamente puesta en duda, la película describe de una manera sensacional la relación entre dos buenos compositores, cuando uno de ellos el mayor genio musical que Dios ha traído al mundo. Ante esta superioridad, a Salieri le corroe la envidia, porque un ser humanamente despreciable ha sido objeto del máximo don musical y está dispuesto a resolver eso con el asesinato. Pero la cinta no se queda ahí, sino que aborda el mundo de la creación de música de forma sublime, presentándonos escenas como aquella en la que Mozart dicta el Réquiem a Salieri mientras suena de fondo... ¡Espectacular!

El personaje de Mozart puede resultar chocante, ya que todos nos lo imaginamos como un ser erudito (como nos imaginamos a todos los compositores de música clásica); y esta película hace saltar esa imagen en pedazos. Hay que decir que esa interpretación del personaje está basado en una leyenda, aunque no sólo en eso; porque se sabe que Mozart murió de "una extraña fiebre", que se ha interpretado como una insuficiencia renal, lo que nos puede hacer pensar en que posiblemente tuviese excesos con la bebida. Pero bueno, el objetivo de esta crítica no es valorar el personaje histórico, sino el representado en la película. Sobre este punto, se observa una decadencia cada vez más absoluta del personaje, con un final que raya el patetismo total.

Algunas escenas pueden hacerse algo pesadas, y me refiero a esas en las que se representa un pequeño fragmento de alguna ópera del compositor, pero creo que a pesar de su larga duración (dos horas y media) no se hace nada excesiva por el manejo de la delicadeza artística junto con la intriga. Y en cuanto a las escenas referidas, no creo que sobre ni un solo segundo: mediante esas imágenes se nos muestran también las impresiones ante la obra de, por ejemplo, Salieri o el Emperador. Demuestra una exquisitez musical casi perfecta esta película y hace ver que los productos de calidad también pueden haber contado con un interesante presupuesto.

Sobre la puesta en escena, qué decir: magnífica. Son decenas las películas que se han rodado sobre esta época, pero creo que pocas las que consiguen una ambientación tan sutil (que compararía con el Cyrano de Jean-Paul Rappeneau) y una dirección artística tan elaborada y conseguida.

Lo que el viento se llevó

Lo que el viento se llevó

T.o.: Gone with the wind
Director: Victor Fleming.
Guión: Sidney Howard.
Intérpretes: Clark Gable, Vivien Leigh, Leslie Howard, Olivia de Havilland.
Música: Max Steiner.
Género: Drama. EE UU. 1939.
Puntuación: *****

Ganadora de 10 Oscar (Película, Director, Actriz -Vivien Leigh-, Actriz secundaria -Hattie McDaniel-, Guión, Fotografía, Montaje, Dirección artística, Premio Técnico, Premio Honorífico). Nominada a 5 Oscar (Actor -Clark Gable-, Actriz secundaria -Olivia de Havilland-, Efectos especiales, Banda sonora original, Sonido).

Argumento
En la Guerra de Secesión americana, Escarlata (Vivien Leigh) está profundamente enamorada de Ashley (Leslie Howard), pero éste se casa con Melanie (Olivia de Havilland). Mientras sufren las horribles consecuencias de la cruenta guerra, Escarlata intentará por todos los medios que Ashley le ame. Pero entonces entra a escena un hombre de una reputación dudosa: Rhett Butler (Clark Gable), que se enamora de Escarlata. Asistimos a la miserable situación de todos ellos y a la peor calaña de Escarlata.

Valoración: La miseria interior
Puede que sea la mejor película de todos los tiempos. Su larga duración no la hace menor ni mucho menos. Es más, puede hacerse larga en algún momento dependiendo de nuestro cansancio en el momento de verla, pero a la historia no le sobra absolutamente nada.

En la película se nos muestra la miseria que produce la guerra, cierto, pero ese no es su objetivo principal. A través de esa miseria exterior nos muestra a un personaje miserable por encima de todos: Escarlata O'Hara. Desde el principio se ve en ella una persona repulsiva, pero a medida que va adquiriendo madurez y poder, se convierte en un ser despreciable, a pesar de los momentos de luz que hay en su vida, que hay que reconocer que no son pocos. Y Rhett Butler... a veces parece también alguien miserable, pero no. Rhett es un hombre que merece el respeto que Escarlata nunca le da. Rhett Butler sufre las consecuencias de la terrible Escarlata.

Y como contraste, la angelical presencia de Melanie, que ama hasta extremos insospechados a Escarlata, a pesar de todo. Melanie representa una caridad que puede parecer tonta, pero nada más equivocado: Melanie sabe que Escarlata le ayuda por Ashley y sólo por él, pero no le importa; ella la ama como a una hermana, y sabe pasar por encima de todo lo malo que hay en ella. Nos encontramos así con un personaje que resplandece por encima de todos, que en general son seres algo miserables, egoístas y codiciosos.

El desarraigo
Ante una guerra y las continuas huidas para evitarla, es inevitable tratar el desarraigo. El desarraigo de la tierra y de la familia. Aquí se representa con Tara, la casa de los O'Hara. Tara será para Escarlata al principio un lugar del que irse, después un lugar en el que huir de la guerra y, finalmente, el lugar en el que cobijarse del mundo y de sus propias miserias y el sufrimiento.

El encanto del paso del tiempo
En películas de tan larga duración como ésta y que abarcan un buen periodo de tiempo sobre unos mismos personajes, somos capaces de observar el paso del tiempo. Y no deja a nadie intacto, bien sea para bien o para mal. Esto siempre tiene un encanto especial, porque nosotros mismos hemos sido testigos (más o menos tiempo) de cómo cambian las personas con el paso de los años. Y nos permite a la vez preguntarnos: ¿y yo? ¿Qué será de mí cuando hayan pasado todos esos años? Por lo que nos identificamos tanto con las imágenes que vemos que lo sentimos como si fuera real y como si les hubiésemos visto crecer a todos esos personajes.

Cyrano de Bergerac

Cyrano de Bergerac

Director: Jean-Paul Rappeneau.
Guión: Jean-Claude Carrière y Jean-Paul Rappeneau.
Intérpretes: Gérard Depardieu, Anne Brochet, Vincent Perez, Jacques Weber.
Música: Jean-Claude Petit.
Género: Drama. Francia. 1990.
Puntuación: *****

Ganadora de 1 Oscar (Vestuario). Nominada a 4 Oscar (Película de habla no inglesa, Actor, Dirección artística, Maquillaje).
Ganadora de 10 César, entre ellos Mejor Película y Mejor Director. Nominada a 3 César.
Ganadora de multitud de premios europeos y americanos.

Argumento
Basada en la obra de teatro de Edmond Rostand. Cyrano de Bergerac (Gérard Depardieu), poeta y espadachín, hombre de pluma y espada, está enamorado de Roxane (Anne Brochet). Pero su enorme y fea nariz le cohibe hasta puntos extremos. Roxane se enamora de un mosquetero del escuadrón de Cyrano: Christian (Vincent Perez). Al enterarse, Cyrano decidirá ser la voz del poco imaginativo Christian; éste pondrá su bello rostro, Cyrano las palabras poéticas que, a través de cartas, herirán de profundo amor el corazón de Roxane.

Valoración: La imagen del bohemio
"Ese es mi vicio, me gusta provocar, adoro ese suplicio. ¿Qué quieres que haga? ¿Buscarme un protector? ¿Un amo tal vez? ¿Y como hiedra oscura que sube la pared medrando sin lira y con adulación? ¿Cambiar de camisa para obtener posición? ¡No, gracias! ¿Dedicar, si viene al caso, versos a los banqueros? ¿Convertirme en payaso? ¿Adular con vileza los cuernos de un cabestro por temor a que me lance un gesto siniestro? ¡No, gracias! ¿Desayunar cada día un sapo? ¿Tener el vientre panzón? ¿Un papo que me llegue a las rodillas con dolencias pestilentes de tanto hacer reverencias? ¡No, gracias! ¿Adular el talento de los canelos? ¿Vivir atemorizado por infames libelos y repetir sin tregua: ¡Señores, soy un loro, quiero ver mi nombre escrito en letras de oro!? ¡No, gracias! ¿Sentir terror a los anatemas? ¿Preferir las calumnias a los poemas? ¿Coleccionar medallas? ¿Urdir falacias? ¡No, gracias! ¡No, gracias! ¡No, gracias!... Pero cantar, soñar, reír, vivir, estar solo, ser libre, tener el ojo avizor, la voz que vibre, ponerme por sombrero el universo por un sí o por un no, batirme o hacer un verso; despreciar con valor la gloria y la fortuna, viajar con la imaginación a la luna, no pagar jamás por favores pretéritos, renunciar para siempre a cadenas y protocolo; posiblemente no volar muy alto, pero solo."

En tan sencillo y, a la vez, interesante párrafo que Cyrano recita tras rechazar al cardenal Richelieu como protector, se encuentra el auténtico meollo de la triste y emocionante historia de este poeta amante de la espada. Es la imagen del bohemio: la soledad, los versos, una vida sin cadenas y sin compromisos, una vida sin gloria, pero vivida hasta su última consecuencia...

En esta figura nosotros hemos de preguntarnos: ¿qué es en lo que quiero imitarle y en lo que he de evitarle? Las respuestas pueden ser múltiples, pero yo sólo daré una que a mi juicio es no sólo la más razonable, sino grata y prometedora. Desde luego que "cantar, soñar, reír, vivir o hacer un verso, viajar con la imaginación a la luna" son panoramas encantadores, pero "estar solo, renunciar para siempre a cadenas y a protocolo, posiblemente no volar muy alto, pero solo" es algo engañoso. Bien es cierto que a veces esto último se nos puede presentar como una atractiva solución a nuestros fracasos, pero no hemos de dejarnos llevar por la simple sencillez y comodidad, no en algo tan importante como nuestra vida. Las cadenas del compromiso son cadenas que nos servirán a un plazo más o menos largo a volar muy alto: "volé tan alto, tan alto, que le di a la caza alcance". Y ello no es lastre para que podamos "cantar, soñar, reír...", sino más bien acicate.

El orgullo y el perdón
Otra característica que luce en este Cyrano es el orgullo. Sus últimas palabras antes de morir hacen precisamente referencia a su orgullo intacto, a pesar de sus numerosos enemigos. El orgullo como actitud vital. Y aquí viene a unirse lo ya citado anteriormente: "posiblemente no volar muy alto, pero solo". El orgullo es algo que hemos de mantener en nuestra vida; el orgullo es algo necesario. Pero en Cyrano lo vemos expresado en su máxima potencia, algo dañino para el hombre.

Aquí entra el papel del perdón. Y, ante todo, el perdón a uno mismo, en aras a poder vivir en paz con quien hemos de vivir toda nuestra vida: con uno mismo. En Cyrano vemos a un personaje emocionante, brillante, con el que uno se puede identificar, algo que no es malo, sino bueno. No quiero con todos estos comentarios hacer pensar que Cyrano es un desgraciado: no, pero sí que le falta algo importante.

En definitiva, Cyrano es una película grandiosa, una adaptación del teatro maravillosa y una historia que merece la pena ver más de una vez, y hacerlo casi con reverencia.

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