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"Las obras de arte viven en medio de una soledad infinita, y a nada son menos accesibles como a la crítica. Sólo el amor alcanza a comprenderlas y hacerlas suyas: sólo él puede ser justo para con ellas" (R.M. Rilke)

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Se muestran los artículos pertenecientes a Mayo de 2005.

06/05/2005

Cyrano de Bergerac

cyrano.jpgDirector: Jean-Paul Rappeneau.
Guión: Jean-Claude Carrière y Jean-Paul Rappeneau.
Intérpretes: Gérard Depardieu, Anne Brochet, Vincent Perez, Jacques Weber.
Música: Jean-Claude Petit.
Género: Drama. Francia. 1990.
Puntuación: *****

Ganadora de 1 Oscar (Vestuario). Nominada a 4 Oscar (Película de habla no inglesa, Actor, Dirección artística, Maquillaje).
Ganadora de 10 César, entre ellos Mejor Película y Mejor Director. Nominada a 3 César.
Ganadora de multitud de premios europeos y americanos.

Argumento
Basada en la obra de teatro de Edmond Rostand. Cyrano de Bergerac (Gérard Depardieu), poeta y espadachín, hombre de pluma y espada, está enamorado de Roxane (Anne Brochet). Pero su enorme y fea nariz le cohibe hasta puntos extremos. Roxane se enamora de un mosquetero del escuadrón de Cyrano: Christian (Vincent Perez). Al enterarse, Cyrano decidirá ser la voz del poco imaginativo Christian; éste pondrá su bello rostro, Cyrano las palabras poéticas que, a través de cartas, herirán de profundo amor el corazón de Roxane.

Valoración: La imagen del bohemio
"Ese es mi vicio, me gusta provocar, adoro ese suplicio. ¿Qué quieres que haga? ¿Buscarme un protector? ¿Un amo tal vez? ¿Y como hiedra oscura que sube la pared medrando sin lira y con adulación? ¿Cambiar de camisa para obtener posición? ¡No, gracias! ¿Dedicar, si viene al caso, versos a los banqueros? ¿Convertirme en payaso? ¿Adular con vileza los cuernos de un cabestro por temor a que me lance un gesto siniestro? ¡No, gracias! ¿Desayunar cada día un sapo? ¿Tener el vientre panzón? ¿Un papo que me llegue a las rodillas con dolencias pestilentes de tanto hacer reverencias? ¡No, gracias! ¿Adular el talento de los canelos? ¿Vivir atemorizado por infames libelos y repetir sin tregua: ¡Señores, soy un loro, quiero ver mi nombre escrito en letras de oro!? ¡No, gracias! ¿Sentir terror a los anatemas? ¿Preferir las calumnias a los poemas? ¿Coleccionar medallas? ¿Urdir falacias? ¡No, gracias! ¡No, gracias! ¡No, gracias!... Pero cantar, soñar, reír, vivir, estar solo, ser libre, tener el ojo avizor, la voz que vibre, ponerme por sombrero el universo por un sí o por un no, batirme o hacer un verso; despreciar con valor la gloria y la fortuna, viajar con la imaginación a la luna, no pagar jamás por favores pretéritos, renunciar para siempre a cadenas y protocolo; posiblemente no volar muy alto, pero solo."

En tan sencillo y, a la vez, interesante párrafo que Cyrano recita tras rechazar al cardenal Richelieu como protector, se encuentra el auténtico meollo de la triste y emocionante historia de este poeta amante de la espada. Es la imagen del bohemio: la soledad, los versos, una vida sin cadenas y sin compromisos, una vida sin gloria, pero vivida hasta su última consecuencia...

En esta figura nosotros hemos de preguntarnos: ¿qué es en lo que quiero imitarle y en lo que he de evitarle? Las respuestas pueden ser múltiples, pero yo sólo daré una que a mi juicio es no sólo la más razonable, sino grata y prometedora. Desde luego que "cantar, soñar, reír, vivir o hacer un verso, viajar con la imaginación a la luna" son panoramas encantadores, pero "estar solo, renunciar para siempre a cadenas y a protocolo, posiblemente no volar muy alto, pero solo" es algo engañoso. Bien es cierto que a veces esto último se nos puede presentar como una atractiva solución a nuestros fracasos, pero no hemos de dejarnos llevar por la simple sencillez y comodidad, no en algo tan importante como nuestra vida. Las cadenas del compromiso son cadenas que nos servirán a un plazo más o menos largo a volar muy alto: "volé tan alto, tan alto, que le di a la caza alcance". Y ello no es lastre para que podamos "cantar, soñar, reír...", sino más bien acicate.

El orgullo y el perdón
Otra característica que luce en este Cyrano es el orgullo. Sus últimas palabras antes de morir hacen precisamente referencia a su orgullo intacto, a pesar de sus numerosos enemigos. El orgullo como actitud vital. Y aquí viene a unirse lo ya citado anteriormente: "posiblemente no volar muy alto, pero solo". El orgullo es algo que hemos de mantener en nuestra vida; el orgullo es algo necesario. Pero en Cyrano lo vemos expresado en su máxima potencia, algo dañino para el hombre.

Aquí entra el papel del perdón. Y, ante todo, el perdón a uno mismo, en aras a poder vivir en paz con quien hemos de vivir toda nuestra vida: con uno mismo. En Cyrano vemos a un personaje emocionante, brillante, con el que uno se puede identificar, algo que no es malo, sino bueno. No quiero con todos estos comentarios hacer pensar que Cyrano es un desgraciado: no, pero sí que le falta algo importante.

En definitiva, Cyrano es una película grandiosa, una adaptación del teatro maravillosa y una historia que merece la pena ver más de una vez, y hacerlo casi con reverencia.
06/05/2005 19:50 Enlace permanente. Tema: De hace unos años No hay comentarios. Comentar.

08/05/2005

Lo que el viento se llevó

gonewiththewind1.jpgT.o.: Gone with the wind
Director: Victor Fleming.
Guión: Sidney Howard.
Intérpretes: Clark Gable, Vivien Leigh, Leslie Howard, Olivia de Havilland.
Música: Max Steiner.
Género: Drama. EE UU. 1939.
Puntuación: *****

Ganadora de 10 Oscar (Película, Director, Actriz -Vivien Leigh-, Actriz secundaria -Hattie McDaniel-, Guión, Fotografía, Montaje, Dirección artística, Premio Técnico, Premio Honorífico). Nominada a 5 Oscar (Actor -Clark Gable-, Actriz secundaria -Olivia de Havilland-, Efectos especiales, Banda sonora original, Sonido).

Argumento
En la Guerra de Secesión americana, Escarlata (Vivien Leigh) está profundamente enamorada de Ashley (Leslie Howard), pero éste se casa con Melanie (Olivia de Havilland). Mientras sufren las horribles consecuencias de la cruenta guerra, Escarlata intentará por todos los medios que Ashley le ame. Pero entonces entra a escena un hombre de una reputación dudosa: Rhett Butler (Clark Gable), que se enamora de Escarlata. Asistimos a la miserable situación de todos ellos y a la peor calaña de Escarlata.

Valoración: La miseria interior
Puede que sea la mejor película de todos los tiempos. Su larga duración no la hace menor ni mucho menos. Es más, puede hacerse larga en algún momento dependiendo de nuestro cansancio en el momento de verla, pero a la historia no le sobra absolutamente nada.

En la película se nos muestra la miseria que produce la guerra, cierto, pero ese no es su objetivo principal. A través de esa miseria exterior nos muestra a un personaje miserable por encima de todos: Escarlata O'Hara. Desde el principio se ve en ella una persona repulsiva, pero a medida que va adquiriendo madurez y poder, se convierte en un ser despreciable, a pesar de los momentos de luz que hay en su vida, que hay que reconocer que no son pocos. Y Rhett Butler... a veces parece también alguien miserable, pero no. Rhett es un hombre que merece el respeto que Escarlata nunca le da. Rhett Butler sufre las consecuencias de la terrible Escarlata.

Y como contraste, la angelical presencia de Melanie, que ama hasta extremos insospechados a Escarlata, a pesar de todo. Melanie representa una caridad que puede parecer tonta, pero nada más equivocado: Melanie sabe que Escarlata le ayuda por Ashley y sólo por él, pero no le importa; ella la ama como a una hermana, y sabe pasar por encima de todo lo malo que hay en ella. Nos encontramos así con un personaje que resplandece por encima de todos, que en general son seres algo miserables, egoístas y codiciosos.

El desarraigo
Ante una guerra y las continuas huidas para evitarla, es inevitable tratar el desarraigo. El desarraigo de la tierra y de la familia. Aquí se representa con Tara, la casa de los O'Hara. Tara será para Escarlata al principio un lugar del que irse, después un lugar en el que huir de la guerra y, finalmente, el lugar en el que cobijarse del mundo y de sus propias miserias y el sufrimiento.

El encanto del paso del tiempo
En películas de tan larga duración como ésta y que abarcan un buen periodo de tiempo sobre unos mismos personajes, somos capaces de observar el paso del tiempo. Y no deja a nadie intacto, bien sea para bien o para mal. Esto siempre tiene un encanto especial, porque nosotros mismos hemos sido testigos (más o menos tiempo) de cómo cambian las personas con el paso de los años. Y nos permite a la vez preguntarnos: ¿y yo? ¿Qué será de mí cuando hayan pasado todos esos años? Por lo que nos identificamos tanto con las imágenes que vemos que lo sentimos como si fuera real y como si les hubiésemos visto crecer a todos esos personajes.
08/05/2005 19:50 Enlace permanente. Tema: Clásicas Hay 2 comentarios.

23/05/2005

Star Wars. Episodio III: La venganza de los Sith

revengesith.jpgT.o.: Star Wars. Episode III: Revenge of the Sith
Director y guionista: George Lucas.
Intérpretes: Hayden Christensen, Ewan McGregor, Natalie Portman, Ian McDiarmid.
Música: John Williams.
Género: Aventura/Acción. EE UU. 2005
Puntuación: ***

Argumento
Película que completa la histórica saga de la Guerra de las Galaxias. Enlaza los episodios de la nueva trilogía con la antigua. Anakin Skywalker (Hayden Christensen), casado en secreto con Amidala (Natalie Portman), lleva a cabo en su interior una lucha entre la Fuerza y su lado oscuro. Tendrá que tomar la decisión de escoger entre ver morir a su mujer en el parto del hijo que esperan o salvarla mediante el poder del lado oscuro de la Fuerza. De esta manera presenciamos la conversión de Anakin en Darth Vader, uno de los momentos más esperados por los aficionados.

Valoración: el fin de una saga
Tras los pufos de Lucas en los episodios I y II, parece que el director se vuelve a reconciliar con sus millones de aficionados al cerrar la saga galáctica. En el camino deja muchas decepciones, aunque ya digo que esta vez ha dado un salto de calidad. Mientras en los episodios I y II no nos ofreció más que una serie de efectos especiales sin una historia interesante ni personajes elaborados, en “La venganza de los Sith” conjuga los efectos con una historia más profunda y unos personajes más trabajados.

En la primera escena, Lucas nos pega al sillón con una escena de una espectacularidad sorprendente: se trata de una batalla galáctica, pero nuestros ojos no son capaces de abarcar la inmensidad de la pantalla. Uno se pregunta entonces si lo que nos espera es otra serie de alardes de efectos. Pero pronto se plantea el dilema de Anakin y su influencia del lado oscuro. Aquí se encuentra el principal gancho de la película, donde desarrolla su tema central.

La evolución de Anakin está bien conseguida. El momento de la elección se da en una escena verdaderamente trágica, en la que Anakin “vende su alma” al “Diablo” (Lord Sidius, el gran lord de los Sith, enemigos de los Jedi). Y como alma que se vende al diablo, Anakin no sólo no conseguirá su objetivo, sino que se convertirá en un ser despreciable y de una maldad inigualable: Darth Vader. Tras las promesas del mal siempre se encuentra el engaño. Y es que no es difícil comparar a Lord Sidius con el Diablo y el lugar de la lucha final entre Obi Wan Kenobi (Ewan McGregor) y Anakin con el mismísimo infierno.

Hay además una o dos escenas más que ponen los pelos de punta y que están realmente conseguidas, gracias a un apoyo impagable de la excelente música de John Williams.

Al terminar de ver la película, los grandes aficionados de Star Wars se preguntarán si todo ha acabado y querrán, seguramente, que alguien siga con la saga. Pero yo animo a que se mire hacia atrás y se descubra el fracaso (si no económico, sí cinematográfico) de las dos películas anteriores a esta última. En definitiva, hay que saber dónde está el punto final, porque ya es bastante la experiencia que nos dice que una mala continuación puede hacer mucho daño a un buen trabajo (véase el ejemplo de Matrix).

Por último, hay que decir que Lucas ha conseguido cerrar todo el círculo sin dejar un cabo suelto: desde la existencia de Darth Vader hasta el más nimio detalle como la separación de los hermanos Luke y Leia o la presencia de Obi Wan Kenobi en el planeta en el que alojan a Luke.

Efectos especiales: ¿lastre o pedestal?
Nuevamente surge la pregunta eterna sobre este tipo de películas: los efectos especiales, ¿mejoran la película o, por el contrario, hacen que se nuble una posible historia? Creo que la pregunta es, muchas veces, mal planteada. Los efectos especiales en sí no constituyen un factor para el éxito ni para el fracaso.

El problema surge cuando los efectos son el fin de una película, es decir, cuando cobran tanto protagonismo que hacen imposible el desarrollo de una historia. Este es el caso de los ya citados pufos de Lucas. Y, lógicamente, a esta lista se sumarían montones de películas que no nos dicen absolutamente nada en dos horas.

Pero en “La venganza de los Sith”, se despliega una cantidad ingente de efectos especiales sin desmerecer la historia. Es más, aunque sí es cierto que tal vez sobra alguna fantasmada, los efectos no ocupan el primer plano en esta película, por muchos escenarios artificiales que haya.

En definitiva, que los efectos son sólo la cáscara de una película. Y tan absurdo sería intentar alimentarse con una cáscara como hacer de los efectos especiales el fin de una película. Lo importante de una película es su historia, es decir, sus personajes.

La música: John Williams
Mención especial merece el compositor John Williams por un trabajo excelente que hace algo mejor a las imágenes. Hay varios momentos verdaderamente sublimes con un uso espectacular de la orquesta y los coros. Éstos últimos dan un matiz muy logrado de épica que envuelve la película. La intención de Williams es la misma que la de Lucas: enlazar las dos trilogías. Por eso oímos temas de ambas, pero siempre de una forma diferente, y también temas nuevos. De hecho, al final de la película podremos escuchar una breve alusión a la famosa Marcha Imperial, que lógicamente no habíamos escuchado en la nueva trilogía.
23/05/2005 19:48 Enlace permanente. Tema: Actuales No hay comentarios. Comentar.


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